Sanlúcar: un estado del alma

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No sé si has oído hablar alguna vez del “Síndrome del folio en blanco”. Es ese pánico al bloqueo creativo que puede llegar a sentir un escritor al sentarse delante del ordenador, o del propio folio en blanco, sin ideas que plasmar en él. Este síndrome se genera cuando la carga de trabajo es tal que la necesidad creativa te presiona hasta que tu cerebro se seca… o al menos eso es lo que crees, y se te acaban las ideas. Vamos, nada que no se solucione con unos días de desconexión. Sanlúcar

La desconexión es una fantástica medicina que debemos tomar con frecuencia en este mundo de locos en el que vivimos donde corremos y corremos, muchas veces sin necesidad, pero corremos. Incluso en ocasiones que el destino no lo requiere, pero corremos. Y nos olvidamos de disfrutar de los placeres que nos rodean porque nos hemos mentalizado que tenemos que hacer mil cosas, aunque después no son tantas, y corremos y corremos para terminarlas.

Y corriendo corriendo pasamos la vida sin mirar a los lados y sin detenernos, hasta que pasa algo y redimensionemos nuestro universo que, hasta el día anterior era correr y correr porque no nos daba tiempo a llegar a ninguna parte. En esa nueva visión de la vida, que siempre viene después de una hecatombe personal, entra en juego nuestra capacidad de reconvertirnos y encontrar lugares o personas que nos hacen sentir bien y, lo más importante, nos hacen dejar de correr. Ahí ha llegado el momento de la desconexión. Momento para la redimensión. Momento para la salud.

En mi caso, llegó Sanlúcar de Barrameda y su gente para darle sentido a mi desconexión. Y puede que para darme vida a mí. Sanlúcar no es una ciudad, es un estado del alma. Un cúmulo de sensaciones que hacen que tu vida tome sentido y tu corazón empiece a latir al ritmo adecuado: sin prisas, pero con pasión. Esa es la palabra que define a esta tierra: pasión.

Recién nombrada Capital Española de la Gastronomía, son muchos quienes achacan las delicias que salen de sus cocinas a las materias primas, fruto de la ubicación privilegiada que esta tierra tiene, donde los vientos soplan a su favor siempre, pero no creo que sea así al cien por cien, aunque también estoy seguro que algo tiene que ver. El conjuro mágico, la receta secreta, la pócima del embrujo está en el poder de atracción de su gente. Son ellos quienes hacen que este rincón guarde un halo de misterio que te hace sentir en tu propia casa nada más llegar. Son las puertas abiertas de las casas de sus vecinos, que vieron partir a Magallanes hace quinientos años y regresar a Elcano, invitándote a entrar y ponerte cómodo, los que hacen que te sientas en tu hogar. Y es que nadie cocina como se cocina en casa de uno. Pues eso, bienvenido a tu casa.

Es ese susurro del mar dando un paseo por la playa en invierno. Es Bajoguía, Bonanza o Las Piletas. Es Doñana allí enfrente. Es la Plaza del Cabildo o la de San Roque. Es la Manzanilla y su inmortal velo de flor. Son sus bodegas, muchas bodegas llenas de historia y de historias. Son los cascos de otras bodegas abandonados desde hace años que siguen oliendo a vino. Es un mercado repleto de pescado y de arte. Los langostinos y las tortillitas de camarones o las «papa aliña». Son las Calzadas, la de la Infanta y la del Ejército. Es el Castillo. El Barrio Alto y el Bajo. Es Sanlúcar.

Es una vueltecita por el centro con Antonio Barbadillo saludando a cada lado de la calle con ese tono de voz radiofónica que le caracteriza. Es Gabriel Raya, caña en mano, invitándome a entrar en su bodega y sirviéndome uno de esos vinos mientras me mira fíjamente cómo lo cato, con cara picarona, sabiendo de antemano que me ha dado gloria. Son los paseos con Ana Martínez por la ciudad, de bodega en bodega, haciendo de guía y disfrutando en cada rincón de las anécdotas de sus guardadores. Es mi amigo Carlos Barba ofreciéndome todo a cambio de mi amistad. Es José Antonio Palacios y su bodega, verdaderamente “Alucinante”. Es Juan Antonio Manzano dando lecciones con su vuelta al mundo a través de la Fundación Puerta de América… Familia, ¡esto es Sanlúcar de Barrameda!

Será eterna la deuda que de forma voluntaria he contraído con esta tierra y con todos vosotros porque, en muchas ocasiones, para no perder el norte, hay que bajar al sur.

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Este artículo es original e inédito sin intereses publicitarios, la publicación de marcas o imágenes corresponde a exclusivos criterios informativos. Escrito para devinosconalicia.com Revista on-line de gastronomía©.

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About Carlos M. Montero

Licenciado en Turismo por la Universidad de Granada; Master Business Administration en Universidad Carlos III de Madrid; Master Turismo Gastronómico en Basque Culinary Center. Docente para la Formación Profesional para el Empleo por LANBIDE. Profesional de sala y sumiller titulado, amante de los vinos de Jerez, forma parte de la Sociedad Gastronómica Urtoki, de la Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino, de la Academia Andaluza del Vino y de la Asociación de Hosteleros de Sevilla y Provincia.

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