La copia descarada de libros y otros documentos, cuadros, partituras, estudios médicos, planos arquitectónicos, etc. se paga caro en los tribunales, de hecho se pueden llegar a castigar con una pena de seis meses a dos años de cárcel. Pero, ¿qué pasa con el vacío legal que hay en torno a la propiedad intelectual gastronómica y a los plagios de los fogones? Robert Guillén lo tiene claro: la alta cocina tiene derechos de autor, pero, ¿y el resto?

Los plagios son una plaga. Partiendo de esta premisa, algunos cocineros se sienten halagados cuando se topan de frente con una de sus recetas en otro restaurante. Contrario a esto, a otros les indigna. Sin embargo, en el inabarcable universo de las artes culinarias el asunto de la propiedad intelectual entra en una laguna llena de fango que no tiene las orillas bien definidas.

2º vuelco del cocido madrileño de Carmen Casa de Cocidos. Copyright: Miguel Ángel Sánchez (Las manos en la mesa)/ www.devinosconalicia.com
2º vuelco del cocido madrileño de Carmen Casa de Cocidos. Copyright: Miguel Ángel Sánchez (Las manos en la mesa)/ www.devinosconalicia.com
Plagios: delitos contra la propiedad intelectual

Antes de tropezar con cualquier fundamento legal conviene repasar a qué se refiere el concepto de plagio. Se trata de un delito que se encuentra tipificado en los artículos 270 a 272 del Código Penal y vulnera la propiedad intelectual de un individuo. Existe plagio siempre y cuando se omite el nombre del creador y se pone a otro en su lugar, siendo el autor y no su creación quien sufre el atentado.

Existen plagios de muchos colores, estilos y magnitudes, que básicamente se pueden enmarcar en contenido literario, artístico o científico. Sin embargo, toda esta red que salvaguarda estos derechos se ha olvidado de hacerse una pregunta: ¿existe el plagio en la gastronomía? ¿que un cocinero recree una receta exacta de otro puede calificarse como delito?

Los Louis Vuitton de surimi

Es tan improbable que dos cocineros creen una misma receta como que toque a una sola persona el sorteo del Gordo y después el premio de la lotería del niño en la misma Navidad. Según declaraciones de José Carlos Capel, presidente de la Cumbre Internacional de Gastronomía Madrid Fusión, “se copian esferificaciones, tortillas de camarones, espumas, esencias y lo que sea, aquí, en Singapur, en París y en Pekín. Nadie se libra. Es una historia para no dormir”.

Proteger los nombres y técnicas de elaboración, presentaciones y emplatados, las cartas de sala y bodega, las imágenes y texturas de los platos debería ser algo atado a la ley, de la misma forma que se protege el título y el contenido en una tesis doctoral. La gastronomía debería responder también a este tipo de cuestión, porque por mucho que sea comestible también existe una autoría y un proceso creativo, de tiempo y trabajo detrás.

Opciones para hacer frente al conflicto

Algunos cocineros son ya víctimas claras de este ataque contra sus creaciones y, por supuesto, todo el proceso que conlleva. A pesar de ello, muy pocos se atreven a denunciarlo ni de forma pública ni en los juzgados. En el ámbito internacional, estas cuestiones quizás sean algo más respetadas, algo que en España se pasa bastante por alto.

Ferran Adrià propuso en su momento la publicación de las recetas e imágenes de los platos para dejar constancia de su autoría y ya han sido muchos los cocineros que han seguido su consejo. En palabras de Robert Guillén, “si alguien se inspira en el plato de otro cocinero o se usan innovaciones técnicas o conceptuales ajenas, debe nombrarse al autor“. Estas consideraciones se alejan mucho de crear un canon del tipo SGAE, solo se busca un reconocimiento de su trabajo, esfuerzo y creatividad. Es cuestión de buena praxis, no de dinero.

Arroz con leche fresca. Bibo Madrid, Dani García. Copyright: www.devinosconalicia.com
Arroz con leche fresca. Bibo Madrid, Dani García. Copyright: www.devinosconalicia.com
Fotografías: ventaja o desventaja para un restaurante

Algunos cocineros han prohibido en sus restaurantes que los comensales hagan fotos de sus platos, no solo por el hecho de proteger su propiedad intelectual, sino por el motivo de que muchas fotos desmerecen sus creaciones.

Todos tenemos derecho a proteger la integridad de nuestra obra ya sea en formato escrito, audiovisual u organoléptico. Con esto se desdice el refrán que reza “una imagen vale más que mil palabras” ya que está muy lejos de que esto se cumpla en el 100% de los casos.

Estas dos cuestiones es un debate abierto en el que os invito a participar en la zona de comentarios, ¿qué opináis?

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Esta nota de prensa está publicada sin intereses publicitarios. Escrito y publicado para Devinos con Alicia Gastroblog©.

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Plagios gastronómicos, ¿un delito más?

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