COLECTIVO DECANTADO. Vamos, todo llega, a terminar la tetralogía bordelesa que nos hemos marcado en este blog con la cuarta joya de la corona: la zen Pomerol.

Esta región de la orilla derecha jamás se ha autoclasificado ni ha jugado a los crus. A pesar de ello el Burdeos más caro se encuentra en su territorio: el mítico Petrus (cuyas botellas alcanzan precios de salida de 6.000 euros con pasmosa facilidad). Tampoco es una zona de Châteaus, aunque alguno hay, de hecho volviendo a Petrus, en esta propiedad, lo único que hay es una especie de cobertizo/granero/almacén.

El glamour está en el líquido, lo único que les importa es el cuidado de la viña. Es una región con muy poco postureo pero con mucha dignidad, trabajo y artesanía. De hecho donde más tecnología meten es en los métodos anticopy de la etiqueta, ya que os podéis imaginar que es una de las botellas sobre las que más falsificaciones se hacen en el mundo. Sobre todo en el sudeste asiático.

Por situarnos, decir que nos encontramos muy cerca de Saint Émilion, comparten orilla con ellos, y también predominan las mismas variedades: Merlot, algo de Cabernet Franc y casi nada de Cabernet Sauvignon. Ya que estamos poniendo como ejemplo a Petrus, luego hablaremos de otras bodegas, esta gente casi se marca un monovarietal de Merlot dado que pocas veces les madura satisfactoriamente la Cabernet Franc para que de nivel.

No tienen la nobleza del margen izquierdo (Châteaus Margaux, Latour, Lafite…), no tiene el ultra turismo pueril y pesado de Saint Émilion y no tienen bonitas historias del s. XVIII como Sauternes. De hecho Pomerol es un fenómeno medio moderno porque hasta los ochenta no se pusieron en el top bordelés como región en sí.

Su determinación y nivel les ha llevado a la cúspide (ahí están sus precios).

Zen.

Esta escuela budista, de raíz India, adquirió en China (donde ya os dijimos que falsifican Petrus y Le Pin) su forma definitiva. La palabra zen es la lectura en japonés del carácter chino chán (禪), que a su vez es una transcripción del término sánscrito dhyāna, traducido como “meditación“.

Una vez dejado claro el importante (importantísimo) origen de la palabrita (tan manida para todo) lo que si fue una revolución, hasta donde se pueden dar en estos “sin sangre”, es que el Zen permite un acceso directo y espontáneo al estado último y superior de todos los estados meditativos -aquel que precede inmediatamente a la experiencia del nirvana- sin necesidad de experimentar los anteriores.

El Zen es por antonomasia la tradición budista de la intuición y la espontaneidad.

El Pomerol es lo mismo, conceptualmente claro está. Por ejemplo, el zazen va de mirar una pared sentado en la posición de Buda y aquí hay que dejarse el lomo para alcanzar el tintazo supremo (nirvana rojo). Pero bueno el resultado viene a ser lo mismo.

Y mirad que en sus inicios fueron de lo más cristianos ya que el nacimiento de su viticultura se desarrolla en el siglo XII por la instalación de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, la que ahora es la Orden de los Caballeros de Malta (para los fans del Derecho Internacional Público, que son legión, decir que es de los pocos Estados con reconocimiento de tal manteniendo relaciones diplomáticas con otros sin tener territorio) ya que era una parada para los peregrinos en el camino a Santiago de Compostela.

Lo que empezó en manos de guerreros para dar de beber a más guerreros que iban a partirse la cara contra el invasor musulmán solo ha alcanzado reconocimiento mundial cuando han cambiado las armas por la contemplación. Eso también es una enseñanza de lo más Zen.

No decimos que todo se arregle meditando pero que, lo mismo, si reflexionáramos más de manera introspectiva habría menos problemas en el mundo.

Después de esta parida pseudopacifista, que no nos pega nada, vamos como siempre a hablar de cuatro ejemplos de la zona. Decir que no hablaremos de Petrus. El único que hemos catado fue uno de los más míticos, el de 1945, pero de eso hace más de quince años…

Los que si hemos probado este mismo año son los siguientes (sí, lo anterior sólo lo hemos puesto de postureo):

Château Petit-Village 2014, Pomerol. Fuente: Colectivo Decantado

Château Petit Village 2014

Por supuesto empezamos con un Primeur, esta casa, a la que pertenece el Pauillac Pichon Baron y el Sauternes Suduiraut, es un ejemplo de Pomerol de manual. Merlot del guapo, con algo de Cabernet Franc y casi residualmente la Cabernet Sauvignon (7%).

El resultado de esta añada es más que esperanzador, muy fresco, de tanino potente pero contenido, destaca su gran mineralidad. Sin duda estamos ante un grande. Tiene mucha clase, y para lo que son estos vinos no se pasan mucho con el precio, sus mejores añadas no suelen superar los 80 euros.

Château Petit Village 1979, Pomerol. Fuente: Colectivo Decantado

Château Petit Village 1979

Si hay algo contrario a un Primeur es esto, un vino setentero que a pesar de no ser una gran añada si demostró estar en plena forma.

Licorizaciones, cueros y demás terciarios funcionando a plena potencia, es una pena que no tuviera más finura, creemos que en esa época esta casa no hacía las cosas tan bien como últimamente, también, repetimos, puede ser hándicap de la añada. En cualquier caso no lo tiramos al fregadero eh! Que disfrutable fue.

Château Hosanna 2014, Pomerol. Fuente: Colectivo Decantado

Château Hosanna 2014

Volvemos al Primeur, en este caso con uno de los casas con más clase y más interesante del panorama pomerolés. También es cierto que estamos ante una botella que suele rondar, y superar, los 200 euros.

Radicales en su destierro de la Cabernet Sauvignon, el dúo que montan la Merlot y Cabernet Franc en este 2014 impresiona y más tratándose, recordemos, de una botella en la que aún no ha acabado su crianza. Y ya resulta redondo e integrado. Vinazo.

Château Croix Vraix de Gay 1997

Dentro de la clase media asequible de la zona, Croix Vraix de Gay resulta una de las opciones más interesantes, por los 40 euros que suele costar son vinos con una guarda muy interesante.

Y es que de inicio se encuentran algo duros e inexpresivos, pero el tiempo les arregla y, al menos, este 1997 fue una experiencia de lo más gratificante.

Amigos del misterio, aquí damos por cerrada nuestra tetralogía repleta de vinos de jerarquía mundial y paridas. De todos modos no os diremos adiós, si no hasta luego.

Viva Burdeos!
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Dobermann

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