En el post de hoy hablaremos de la uva de los mil nombres en España: el Tempranillo. Sus plantaciones se extienden sobre una gran parte del país (concretamente en 22 Denominaciones de Origen) y en muchas de estas zonas recibe nombres diferentes como es el ejemplo de Cencibel o Valdepeñas en Castilla – La Mancha; Tinta de Toro, Tinta del Paíso Tinto Fino en Castilla y León; Ull de Llebre en Cataluña; y Tempranillo en la Rioja, aunque ésta es la sinonimia más común.

Con esta variedad se elaboran vinos de mucha calidad y con alto potencial de guarda (crianza en barrica), muy equilibrados, con estructura en boca, de graduación alcohólica moderada y acidez integrada.

Viñedos de Bodegas Arroyo.

En nariz tiene gran potencia aromática que recuerda sobre todo al regaliz, zarzamora, ciruela negra y cereza aunque estos aromas se verán claramente influidos por el terreno del que proceda la cepa.

Sin embargo, aun habiendo hecho esta breve introducción  para contextualizar, hoy voy a presentar un producto que me pareció excepcional durante la cerebración del Salón Gourmet 2014 en Madrid y fue el detonante para el nacimiento de este blog. Se trata del Arroyo Dulce, Vendimia Tardía de Bodegas Santiago Arroyo en Sotillo de Ribera (Burgos), de la denominación de origen Ribera del Duero. Es un vino muy especial ya desde el momento de la vendimia porque, contrariamente al resto de la variedad (que es recogida

a mediados de octubre), la que forma parte de este vino se recoge a principios de Diciembre, por lo que son racimos con una fruta semi – pasificada. Esto es posible por la orientación sur, altitud del viñedo (920 metros sobre el nivel del mar) y escasa vegetación: de no tener esta serie de características la uva podría podrirse antes de secarse, lo que haría imposible la elaboración de este vino tan particular.

Arroyo Dulce, vendimia tardía.

Una vez recogidas estas uvas y trasportarlas a bodega, en cajas de poca capacidad para evitar el sufrimiento de la vendimia, son fermentadas a baja temperatura para evitar el azúcar añadido y que se dispare el nivel de alcohol (no tenemos que olvidar que es un vino dulce hecho con tempranillo). Cuando se consiguen los niveles deseados (13%Vol de alcohol y unos 80gr. de azúcar), la fermentación se para mediante frío disminuyendo la temperatura a menos 0ºC.

El resultado es un vino sorprendente. A nivel visual es rojo rubí con irisaciones (reflejos) violetas y capa u opacidad media, se destaca inmensamente la juventud que en un tempranillo joven es normal porque hablamos de la cosecha de 2013. La primera gran sorpresa se aprecia en nariz: es intenso y de golosina, de hecho a mí me recordó mucho a las piruletas lolli – pop, fresas con nata, piruletas de fresa,… a fresas frescas maceradas en azúcar durante horas que se preparan para añadir leche. ¡Un vino ideal para los más golosos!  

Sin embargo, vuelve a sorprender una vez está en boca, ya que lejos de masticar golosinas y resultar empalagoso
(como se espera tras olerlo) nos encontramos con un vino moderadamente dulce, con una excelente acidez integrada a su paso y un, más que ligero, final amargo. Pero, sin duda, lo que más resalta es que literalmente “se mastica la fruta”. En resumen: envuelve la boca por la que pasa dejando un posgusto muy frutal y agradable.

Un vino que (como habéis visto) no para de dar sorpresas e ideal para acompañar pastas de té o postres que no sean demasiado dulces, como por ejemplo el couland de chocolate o el brownie u otros postres de chocolate negro. Otra opción fuera de los clásicos como el pedro ximenez o el moscatel dulce que te asombrará. ¡Espero que lo disfrutéis porque a mí me encantó!

Este artículo es original e inédito sin intereses publicitarios. Escrito por Alicia Gómez para Devinos con Alicia Gastroblog©.

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El lado dulce del Tempranillo. Antología de Bodegas Arroyo
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